El Cantar de Mío Cid

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La obra, también llamada Cantar de mio Cid, narra las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar (el Cid), y se dispone externamente en tres cantares. Sin embargo, la estructura interna se organiza en torno a la pérdida y recuperación de la honra del Cid: primero, su prestigio político se ve dañado en el destierro y, posteriormente, en la afrenta de Corpes, el Cid ve ultrajado su honor familiar. El esfuerzo del protagonista por recuperar la honra perdida va acompañado de su engrandecimiento como personaje.
Uno de los rasgos peculiares de la obra es la habilidad del autor para caracterizar a los personajes. Existe una humanización expresa de la figura del Cid, a quien se muestra no solo como un héroe, sino también como un ser humano, dotado de profundidad psicológica. El Cid es un infanzón, un miembro de la baja nobleza que asciende socialmente gracias a sus propios méritos. El protagonista es un personaje física y psicológicamente fuerte; es moderado y se muestra reflexivo, justo, sensible y profundamente religioso. No hay ningún personaje en la obra que adquiera su categoría moral.
Sus opositores se presentan en la obra como figuras inferiores al protagonista e incluso aparecen ridiculizados. El Cid es un héroe que se enfrenta con la fatalidad, su verdadera enemiga. Sus diferencias con el rey son fruto, precisamente, de esa injusticia vital en la que se ve envuelto. El monarca tampoco es su enemigo: la adversidad hace que confunda las intenciones de su vasallo, que, a pesar de las dificultades, le es fiel y no cuestiona su autoridad.
El poema se desenvuelve en un mundo que se muestra en extremo injusto con un hombre excepcionalmente virtuoso. Sin embargo, el contraste que se establece entre la mala fortuna y la bondad del héroe se resuelve al final de la obra. Gracias a la fe, al esfuerzo y a la insistencia en la virtud, el Cid consigue que la vida le entregue la honra que merece.
El estilo del Poema, frente a otros poemas épicos conocidos, se caracteriza por su verosimilitud: el texto presenta una historia creíble, sin la abundancia de elementos sobrenaturales y fantásticos de los cantares de gesta franceses. Aunque la figura del héroe se engrandece y se exageran sus cualidades, el protagonista se presenta como ser humano.
Por último debe señalarse que la obra incluye pasajes de tono humorístico, no siempre frecuentes en este tipo de obras.
Con respecto al lenguaje, el poema emplea numerosas fórmulas fijas, propias de los cantares de gesta; son expresiones que se repiten de forma regular, apelando al oyente o introduciendo determinadas acciones: «allí vierais»; «poniendo a la espada mano».
Entre esas fórmulas fijas, destacan los epítetos épicos, que se emplean para nombrar a los personajes mediante una cualidad que los caracteriza. Así, al Cid se le identifica como «el que en buen hora ciñó espada» o «el que en buena hora nació».
El poema se ha interpretado como una defensa de los castellanos, representados por el protagonista, frente a la nobleza leonesa, que encarnan los infantes de Carrión.
En la figura del Cid se defiende la importancia de los méritos y virtudes personales de la clase media frente a la alta nobleza acomodada que se apoya en privilegios heredados. El Poema, por lo tanto, ensalza valores como la lealtad, la honra y la fe.
El Cid histórico y el Cid literario
En el Cantar de mio Cid se narran las gestas de un personaje real, nacido en Burgos en torno a 1043. Sin embargo, la obra presenta abundantes pasajes y personajes inventados por necesidades literarias, como la visión del arcángel Gabriel, la afrenta de Corpes, el engaño de las arcas, el encuentro del Cid y el león o la celebración de las cortes de Toledo; se trata de elementos insertados por el autor que buscan, en último término, engrandecer la figura del héroe. El poema, además, omite ciertos hechos reales, como la procedencia leonesa de doña Jimena, perteneciente a la alta nobleza, y modifica el orden de las batallas. El protagonista del Cantar, dotado de una gran humanidad y rasgos realistas, es un personaje verosímil, pero no real. La figura del héroe se ve idealizada por la ficción, que exagera sus rasgos y configura una historia con una progresión ascendente. El Cid, gracias a su esfuerzo, va paulatinamente superando los embates de su mala fortuna, conquistando una fama y una honra que en justicia no debía haber perdido y alcanzando una posición social mayor de la que tenía al comienzo de la obra.

Para más información puedes mirar en la siguiente página web:
http://www.cervantesvirtual.com/bib_obra/Cid/?=

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